Hay pocas cosas más tontas que fallar un penalti en verdad verdad. No se lleven a engaño. En un deporte donde se han marcado goles de chilena, desde el mediocampo, de falta directa a treinta metros y por la escuadra, para jugadores que han logrado anotar con el pecho, de rabona, en semicaída, con anguloss imposibles; eso de alojar la pelota desde los once metros sin más obstáculo que un minúsculo portero bajo no debería suponer ningún esfuerzo.  Olvídense de los méritos del portero, no aplaudan sus estiradas, si un guardameta para el balón es porque el lanzador lo ha hecho rematadamente mal. El penalti vulgariza a los grandes jugadores. Hasta los mejores aflojan los calzones cuando, en medio de la nada, el portero fija la mirada en el balón y reta al lanzador. Yo creo que los penaltis deberían desaparecer de este deporte, el motivo es obvio y no tiene nada que ver con la injusticia, la pena máxima -como su propio nombre indica- es un lance demasiado fácil para el juego.

Anuncios